jueves, 10 de mayo de 2007

Un día de mierda

Anoche salgo de casa de una amiga a las 12:30, me estaba haciendo unas fotos, ya las veréis. Camino hacia el coche con los ojos entre cerrados para no ver la multa que me podían haber puesto, me libré. Dejé la luz encendida, ¡mierda, se me jodió la batería! Aprieto los dientes para arrancar el coche sin querer arrancarlo, arrancó. Llego al primer semáforo y al pisar el freno se me resbala el pie ¿Qué coño pasa? Atino a frenar, pero sigue patinando. Quizá el hambre o seguro el sueño, en realidad no se que mierda me pasó por la cabeza pero alargue la mano izquierda para tocarme la suela del zapato. Gilipollas, siento un líquido semisuave, semiespeso, ¡mierda, pisé una mierda! Es inevitable pisar una catalina, mancharte la mano y no llevártela a las narices. Hay una necesidad humana de oler la mierda que tenemos en las manos, vómito, mocos, tierra y por su puesto, mierda.

Viajo a casa con la mano en la ventana, por Ponce de León tengo los dedos pelaos de frío. Me paso un semáforo en ámbar-rojo más rojo que ámbar. Un policía detrás de mi Sebring se lo vuela conmigo, ¡mierda, ahora sí me ponen una multa! Llegó a casa, paso una noche de mierda. Sebastián no duerme bien la últimas tres semanas, hoy no fue diferente. Se despierta a las seis, bajo, lo cambio, lo pongo en su silla, enciendo el ordenador. Se caga, nadie se da cuenta, la mierda se sale pierna abajo, ¡mierda, hay mierda por todos lados Lari!

Llevo dos horas corriendo mierda. Una coma, un acento, una nota que no sale en la sección de la Libertadores, un foto álbum que no sale en Deportes. ¡Mierda, las nueve y media, me tengo que ir!

Hoy, si os trato mal es porque de momento llevo un auténtico día de mierda.

El Mortero

miércoles, 9 de mayo de 2007

Cuando pase el temblor


Fue hace más de veinte años, lo recuerdo bien. Apenas habían transcurrido unos meses del terremoto que sacudió a la Ciudad de México en 1985, cuando un grupo argentino relativamente nuevo cimbró con su tema “Cuando pase el temblor”. "... a veces siento temor, a veces verguenza. Estoy sentado en un crater desierto, sigo aguardando el temblor, en mi cuerpo. Nadie me vio partir, lo sé, nadie me espera. Hay una grieta en mi corazón, un planeta con desilusión, con desilusión". La letra realmente no tenía nada que ver con el fenómeno natural de las sacudidas, pero me llegó tan hondo, que ahora la cito para comparar lo sucedido en este blog… “Cuando pase el temblor”.

Después del vertiginoso arranque de Mortero y Hormigón, con un promedio de publicación casi diario, de pronto nos encontramos sumergidos en un vacío de diez días en los que nadie dice (decimos) nada y ante esa situación me pregunto ¿Se nos pasó el temblor de expresar ideas o la creatividad ‘nomás’ nos dio para un mes? ¿Será que encontramos otros espacios para estirar las piernas de la imaginación?

No sé realmente cuál sea mi propia excusa, pero lo que tengo muy claro en estos tiempos en los que la vida se vive a millón por hora, es que la nostalgia me ha pegado y fuerte. ¿Dónde quedaron esos despertares de ansiedad por plasmar y leer las comezones del grupo? ¿Es que ya nadie tiene el humor para compartir las frustraciones de la vida cotidiana?

Aunque quisiera pensar que todos hemos alcanzado la bonanza en nuestras vidas y que por eso ya no tenemos nada que contar, creo que nos ha pegado el síndrome post Reyes Magos, donde el juguete nuevo quedó arrumbado junto al guante de béisbol, la raqueta de tenis, la bicicleta, el PS2 y todo aquello que un día nos inventamos para distraernos un poco de la cotidianidad del trabajo.

Yo aún no tengo claro qué de todo lo anterior me sucedió, pero estoy llegando a la conclusión de que todo es culpa de Hormigón y su Depresión post-Sopranos. Pa’ qué les voy a mentir. Desde que lo leí solo quise pegarme al televisor y repasar las dos temporadas de Rome. También me cogí (ese verbo lo aprendí a usar de manera descarnada desde que llegué a Miami y ahora lo uso también de forma descarada) las temporadas previas de Entourage y ahora estoy enganchado con los “new episodes”. También me estoy reviviendo la primera (y al parecer única) temporada de Lucky Loui… una joyita de tres pesos que cómo me hace reír.

En fin, todo este rollo de presiones y depresiones, es básicamente para indagar, para entender, para descubrir, para saber qué chingados les pasó y por qué ya no escriben. ¿Es que acaso se les perdió su password? Lo digo porque a mí sí… pero lo he recuperado y estoy de vuelta (ese dato no sé si sea bueno o malo, pero así es). So anyway (citando de nuevo los modismos del spanglish floridiano), ya salgan de su letargo, alebréstense y salpiquen un poco de su genialidad, que a todos nos hace falta.

domingo, 29 de abril de 2007

Depresión Post-Sopranos

Las series de TV en DVD se han convertido en parte fundamental de la vida de los individuos citadinos; antes la pregunta obligada era ‘¿Qué libro estás leyendo?’ o ‘¿Has ido a ver algo bueno al cine?’ Las cosas han cambiado y ahora para saber que tan en onda está alguien hay que indagar cuál serie se está chutando.

-¿Qué serie estás viendo güey?
-Curb your Enthusiasm
-Aaaah… ¿y qué tal?
-Súper, pero la verdad, no es para cualquiera (lo que sea que esto signifique)
-¿Está en Blockbuster?
-No, a mi me trajeron las temporadas de Nueva York
-Es la de Larry David ¿no? ¿El productor de Seinfeld?
-Ese mero, creo que ahora Adal Ramones se lo va a fusilar
-Luego me la prestas ¿no?... cuando acabe de ver Twin Peaks de David Lynch.

Yo me declaro fanático de las series de HBO, mi favorita, lejos de cualquiera es The Sopranos, me parece lo mejor que se ha hecho para televisión en la historia, cuando termine voy a tener depresión clínica… Y el final se acerca. Segundo lugar: Six Feet Under, otra joya de Home Box Office. Admito que los formatos adictivos de Lost o 24 son buenos, pero tanta ‘irrealidad’ me sobrepasa.

Aclaro, sigo viendo Lost, cuando uno empieza ya no puede parar, estoy a la mitad de la tercera temporada y claro que quiero saber en que termina, por salud mental, pero el exceso de enredos me está cansando… tanto como que a Jack Bauer jamás le falle la cobertura del celular, factor fundamental para mi abandono de 24 o que en la cárcel de Prision Break los criminales más desalmados no digan groserías.

A Desperate Hosewives la tengo en mi lista de pendientes, lo mismo que Nip Tuck, Entourage y Oz. Me faltan varias, tampoco es que me pase la vida viendo series, digo, hay que hacer un esfuerzo para darse el tiempo y también ver el fútbol... si no ¿en que clase de monstruo se convierte uno?

Eso sí, las series buenas pueden mermar o acabar incluso con tu vida social, ya que demandan tanto tiempo-hombre (o mujer, en su caso) que tus sábados familiares o de fiesta disminuirán de forma notable.


Medicina: Las series de TV pueden ser un buen remedio para el alcoholismo, pero fatales para el insomnio.

Ahora bien, no todo lo que brilla es gringo y ahora tengo en mi poder un par de joyas: Lo mejor de Ensalada de Locos y Los Polivoces. No cabe duda que el humor magistral de la televisión mexicana murió con la década de los setenta, una sola palabra: Sublimes. Si alguien consigue en DVD el original ¿Qué nos pasa? o aquel No Empujen con Raúl Astor, nos arreglamos. Sobre todo para ver el final, final.




Hormigón

jueves, 26 de abril de 2007

La guajolota asesina


Conforme va pasando el tiempo, el frijol que nos germina a las mujeres a veces se convierte en un mounstruo generador de antojos que nos hace suponer que podemos amanecer (atardecer o anochecer da igual) y pedir lo que nos venga en gana. Nos han hecho creer que es una muy romántica y brillante idea despertar deseando fresas a las 3 de la mañana, morirse por una cucharita de cajeta de Celaya o que las tortas (entiendase bolillo partido por mitad, no pastel) de plátano con aguacate son deliciosas; que los maridos, parejas, amantes u oyentes presentes correrán presurosos a saciar semejantes ataques de sinrazón y locura. Las generaciones anteriores, las costumbres pasadas y hasta las telenovelas tienen la culpa de ello.

Yo, en vía de estar tan embarazada y a 3000 millas de la tierra del maíz, me tengo que morder la lengua cada vez que pasan por mi mente los tacos al pastor y los sopes de la esquina (porque allá en el tercer mundo la gente, ante la falta de trabajo formal, se pone a vender el platillo que mejor le queda a su abuelita o a la tía en sus garages o patios con un letrerito de RICOS SOPES, TENEMOS HUARACHES, HAY QUESADILLAS, etc. etc.). Así que se imaginarán que en cada esquina hay uno y que cada mexicano que se precia de serlo, conoce el mejor changarro de "garnachas" de su colonia.

Todo esto para decir que el otro día amanecí con antojo de una guajolota verde. ¿Saben lo que es una? Pues no, no me refiero a las hembras de los guajolotes…. En el vocabulario de los que nacimos al sur del Río Bravo, es una torta (de nuevo entiendase bolillo partido por mitad) de tamal y en este caso era una de tamal verde. Hay rojas (hechas de jitomate o tomate rojo) , de rajas (de chile) o de mole (esa como salsa espesa normalmente oscura que es típica de Puebla y que se acompaña con pollo y arroz) , de hecho hay de todo, las opciones son tan grandes como el puesto y el bote de tamales cerca del cual decidamos desayunar.

¿Y qué hace una con un antojo como este con el Golfo de México de por medio? Pues se las ingenia y logra que le aparezca una guajolota verde y así evita que ese bebé, como dicen las voces populares, “te salga con cara de ....” del antojo que se te quedó atorado en la lengua y que por alguna extraña razón te quedaste sin satisfacer.

Gracias al amigo de Teporingo que trajo desde México mi guajolota de tamal verde, que me supo tan suculenta como el mejor platillo gourmet que ni Emeril Lagasse o Bobby Flay me hubieran podido cocinar. Gracias por el saborcito a chile, de ese con el que hasta la nariz se te afloja y que me hizo sentir tan, pero tan cerca del bote de tamales de afuera de la panadería de casa de mi mamá.

Fachadas

Me ponen nervioso las sonrisas perfectas. Esos dientes cortaditos por cristalero y de un color perfectamente inalcanzable. No me concentro cuando hablan. Solo veo las piezas aparecer y desaparecer detrás de los labios elegantes como plano de arquitecto. Porque toda dentadura agraciada, va de la mano de unos labios bien parecidos. ¿No sería mejor actor Tom Cruise con esta bella sonrisa?

Me da tericia el pelo engominado. Sí, los pelos de punta me pone el pensar la de tiempo que habrá pasado el tío para dejarse el pelo así de esa manera. Una perfección barroca, o mejor dicho, una pérdida de tiempo innecesaria. ¿No sería menos mafioso Pedja Mijatovic con el pelo suelto?


Me da claustrofobia la camisa abotonada hasta arriba. Facha de banquero, político o abogado. Prisión de la verdad, camuflaje de lo injusto. Hay que gente que cree que por el simple hecho de ponerse traje y corbata tiene la razón. Falsa autoridad. ¿No sería menos mentiroso este payaso en la camiseta del Che?

El Mortero

lunes, 23 de abril de 2007

¿Deporte y sexo o sexo y deporte?


El modesto equipo paulista Bragantino se cambió de hotel días antes de un partido histórico que los enfrentaba al poderoso Santos por la final de la Copa de Sao Paulo, y todo, para evitar la tentación del sexo. Se mudaron porque donde estaban concentrados había 40 bellas modelos. Cuando los jugadores fueron a realizar ejercicios a la piscina descubrieron el grupo de muchachas jugando en tanga en el agua.

Quizá el Bragantino debió haber hecho como acostumbraba el ciclista danés Tony Rominger, que pasaba dos semanas solo y a la tercera de competición lo visitaba su mujer. Así ganó tres Vueltas ciclistas a España. O tal vez debió disfrutar lo que el “Dream Team” en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Ganaron la medalla de oro de básquetbol sin hacerle ascos a la noche de la ciudad Condal, o sino que le pregunten a Magic Johnson.

En fin, que el Bragantino quedó eliminado de la Copa de Sao Paulo y sus jugadores perdieron la oportunidad de pasar varias noches de diversión con 40 modelos cortesía del rival. Por eso, a todos los entrenadores del mundo, ¡dejen que sus jugadores se diviertan que el Mundial siempre lo gana Brasil!

El Mortero

jueves, 19 de abril de 2007

Paranoia del primer mundo


Cuando vivía en México siempre me daba risa ver a los turistas andar por las calles, especialmente a los gringos, porque parecían soldados temerosos en pleno campo de batalla: ojos abiertos al máximo mirando hacia todos y ningún lado, fusil (que en el caso de los turistas sería su cámara fotográfica, bolso o mochila) bien agarrado con ambas manos, y un caminar cauteloso como si estuvieran pisando terreno minado.

Me reía de ellos pero en parte los entendía. Las historias que en Estados Unidos se cuentan sobre la violencia, secuestros, asaltos y demás en México, y las cientos de advertencias que rezan a los potenciales turistas antes de dejar su país, no dejan otra alternativa que la paranoia.

Paradójicamente, cuando llegué a Estamos Hundidos me enfermé del mismo mal que aquejaba a aquellos pobres turistas gringos, pero en diferentes circunstancias. Antes de venir mis amigos me bromeaban: "imagínate pinche Diablito que estés de lo más tranquilo chingándote una cuarer paunder con queso en el MacPerro, y en eso entra un wey con una metralleta y grita: '¡ketchup para todos, yo invito!', y ¡madres!, empieza a producir el rico condimento rojo, pero natural, cual escena de peli de Tarantino". No me chinguen.

Pero sí, confieso que llegué con cierto nivel de paranoina que no sólo me hacía pedir mi quarter pounder with cheese para llevar, sino que también implicaba mirar al cielo constantemente para que no se me fuera a estrellar un avión en el parabrisas del carro; tomaba distancia de los morenos color de rueda cada que los veía venir, y de plano me echaba casi a correr cada que veía un hijo del islam.

Después de dos años de vivir en los United States of Whatever, mi paranoia fue disminuyendo, aunque nunca he dejado de tomar mis precauciones. Sin embargo, ahora con el desmother de este vil chino (que era coreano, I know, pero para nosotros son todos viles chinos), ya estoy en alerta roja nuevamente.

Por ello no me sorprende el susto que me lleve hoy por la mañana, cuando llegando a mi averno de oficina, en el elevador se subieron un chino y un árabe, que para colmo eran amigos. Apenas los vi entrar y pensé en aplicar aquello de más sabe el diablo por viejo, y entonces bajar del elevador y no poner en riesgo mi vida; pero las pinches puertas se cerraron.

En ese momento me imaginé al chino amarrarse una cinta como de Karate Kid en la cabeza, sacar una 45 y apuntarme directito a la frente, en tanto que el árabe lo pensé abriéndose la camisa, mostrarme un bomba amarrada a su pecho y empezar a decir todos sus pinches rezos, esos que ya de por sí matan a uno antes de que explote la bomba.

Afortunadamente mi viaje es tan solo de un piso y antes de que hicieran su numerito logré escapar. Pero por si acaso más tarde empiezan a escucharse gritos y explosiones desde el tercer piso, y en menos de lo que dura un parpadeo este edificio sale volando, aquí les dejo mi testimonio.

El Diablito.

Esa magia del gol


Precisamente estos son los goles que me hacen recordar otros como el de Diego, o el de Ronaldo al Celta de Vigo en 1996. También el de Zinedine Zidane de bolea en la final de la Champions del 2002. Y como no, el de Pelé de cabeza ante Italia en el Mundial del 70. En esa Copa del Mundo quien no recuerda el gol de Jairzinho a pase de Pelé tras una gran jugada de Tostao. Por su puesto, ¡El Gol del Presidente! lo hizo Tostao y puso el 4-1 en la final ante Italia.

Pero luego hubo otros como el del alemán Joachim Streich a Australia en el 74 con el exterior del pie. Michael Owen en el 98. Edmilson en el 2002. Dennis Bergkamp en el 98. Rivaldo ante el Valencia en La Liga. Palermo, Clarence Seedorf y Gica Hagi de media cancha, en fin, qué bonito es recordarlos.

Gol Blog

lunes, 16 de abril de 2007

Después de leer los últimos posts con las historias de carretera de Teporingo, y las reflexiones de Hormigón en las que confiesa que no estaría mal eso de rascarse las malas pulgas, no me queda otra cosa que unirme a ellos reconocer que el ser humano es el más animal de los animales.

Errado estaba Tomas Hobbes al decir que El hombre es un lobo para el hombre. Mejor le hubiese quedado, pese a la redundancia y la cacofonía, que El hombre es un hombre para el hombre. O mejor aún, si consideramos el absurdo exterminio que hemos hecho de los lobos, podría haber concluido que El hombre es un hombre para el lobo.

Lo cierto, a mi parecer, es que pocos animales demuestran tanta bajeza e irracionalidad como algunos seres humanos. ¿O es que acaso conoce alguien un animal más carroñero que Bush? ¿O una rata más suciamente astuta que cualquier político de carrera? ¿No es acaso un gobernante atado al poder más sanguinario que cualquier depredador? Sumemos a estos los envidiosos, los arrogantes, los que se creen superiores, los que se consideran con derecho a humillar, y un largo etcétera de seres humanos defectuosos con características que jamás hemos visto en animales.

Por suerte, hay muchos otros que bien se ganan el calificativo de Humanidad. Entre ellos no puedo dejar de mencionar a mi familia, mis amigos, y mis compañeros y panas de Mortero y Hormigón, por supuesto. Hay otros más famosos, pero no los voy a citar por no parecer que estoy participando en el Miss Universo, y porque son menos importantes para mí que los que sí nombre.

La suerte que me ha tocado en la vida es que por la acera en la que ando transitan más personas de las que podemos llamar racionales y que son dignas representantes del reino animal. Los otros, los no son de ningún reino, sino simplemente animales, van por otro camino, y sólo de vez en cuando se tropiezan con uno.

Aquí les dejo un video que para los pelos y que deja a los cuadrúpedos muy bien parados si los comparamos con muchas bestias con las que nos toca enfrentarnos de vez en cuando.


Beware of the dog


No sé que tiene es güey que me hace sentir tan bien, me reconforta, me recuerda que la bondad es espontánea y que el amor siempre debería ser incondicional.

Perro: Animal chistoso que da mucho amor, pero ¡aguas! Porque algunos muerden.


Al ente metafísico que puso al homo sapiens el chip de la conciencia la hago un reclamo público, desde este rincón del mundo: ‘Ya ni la chingas… ¿Porqué nos hiciste diferente a los animales?... tan a gusto que estaríamos sin preocupaciones superfluas’

Tenemos esa nefasta conciencia del amor, del dolor y de la muerte y eso nos provoca necear con tonterías como "ser mejores", más "exitosos", tener más dinero, más bienestar, querer, ser queridos… uff... Cambiaría mil veces todo esto por perseguir mi cola dando vueltas en círculos o estar todo el día al sol con la única preocupación de tener lleno mi plato con agua.

Algunos que no tienen tanta suerte y tienen que esquivar coches en las autopistas o matarse entre sí para subsistir o sortear –desde que están en un huevo- al estúpido ser humano para llegar al mar, sorprenderse porque el cambio climático ha hecho que los salmones dejen de llegar río arriba… esa parte, obviamente, no me gusta tanto.

Propuesta: Armar un ejército con los peores y más sanguinarios criminales del mundo y que persigan a esos mal nacidos que matan focas bebé a palazos en Canadá. Y a los que le pegan al perro amarrado.

Apelo a la suerte –mi eterna teammate- para pensar que yo sería uno de esos afortunados que tendrían la oportunidad de vivir felices al lado de un cariñoso dueño o en una enorme pradera sin cazadores que mortificaran mi existencia... pero claro, podría ser que no. Podría ser que tú tampoco.

Propuesta II y propósito personal: Tomar una acción real y ayudar a evitar la caza indiscriminada y el maltrato a los animales que son seres nobles y maravillosos aunque le arranquen las manos a sus veterinarios… ¿pa’ qué se meten con ellos?.. ¿alguien les preguntó si querían ser curados?

www.ifaw.org
www.wwf.org
www.gepda.org

.... El que no ayude será un animal.