miércoles, 9 de mayo de 2007

Cuando pase el temblor


Fue hace más de veinte años, lo recuerdo bien. Apenas habían transcurrido unos meses del terremoto que sacudió a la Ciudad de México en 1985, cuando un grupo argentino relativamente nuevo cimbró con su tema “Cuando pase el temblor”. "... a veces siento temor, a veces verguenza. Estoy sentado en un crater desierto, sigo aguardando el temblor, en mi cuerpo. Nadie me vio partir, lo sé, nadie me espera. Hay una grieta en mi corazón, un planeta con desilusión, con desilusión". La letra realmente no tenía nada que ver con el fenómeno natural de las sacudidas, pero me llegó tan hondo, que ahora la cito para comparar lo sucedido en este blog… “Cuando pase el temblor”.

Después del vertiginoso arranque de Mortero y Hormigón, con un promedio de publicación casi diario, de pronto nos encontramos sumergidos en un vacío de diez días en los que nadie dice (decimos) nada y ante esa situación me pregunto ¿Se nos pasó el temblor de expresar ideas o la creatividad ‘nomás’ nos dio para un mes? ¿Será que encontramos otros espacios para estirar las piernas de la imaginación?

No sé realmente cuál sea mi propia excusa, pero lo que tengo muy claro en estos tiempos en los que la vida se vive a millón por hora, es que la nostalgia me ha pegado y fuerte. ¿Dónde quedaron esos despertares de ansiedad por plasmar y leer las comezones del grupo? ¿Es que ya nadie tiene el humor para compartir las frustraciones de la vida cotidiana?

Aunque quisiera pensar que todos hemos alcanzado la bonanza en nuestras vidas y que por eso ya no tenemos nada que contar, creo que nos ha pegado el síndrome post Reyes Magos, donde el juguete nuevo quedó arrumbado junto al guante de béisbol, la raqueta de tenis, la bicicleta, el PS2 y todo aquello que un día nos inventamos para distraernos un poco de la cotidianidad del trabajo.

Yo aún no tengo claro qué de todo lo anterior me sucedió, pero estoy llegando a la conclusión de que todo es culpa de Hormigón y su Depresión post-Sopranos. Pa’ qué les voy a mentir. Desde que lo leí solo quise pegarme al televisor y repasar las dos temporadas de Rome. También me cogí (ese verbo lo aprendí a usar de manera descarnada desde que llegué a Miami y ahora lo uso también de forma descarada) las temporadas previas de Entourage y ahora estoy enganchado con los “new episodes”. También me estoy reviviendo la primera (y al parecer única) temporada de Lucky Loui… una joyita de tres pesos que cómo me hace reír.

En fin, todo este rollo de presiones y depresiones, es básicamente para indagar, para entender, para descubrir, para saber qué chingados les pasó y por qué ya no escriben. ¿Es que acaso se les perdió su password? Lo digo porque a mí sí… pero lo he recuperado y estoy de vuelta (ese dato no sé si sea bueno o malo, pero así es). So anyway (citando de nuevo los modismos del spanglish floridiano), ya salgan de su letargo, alebréstense y salpiquen un poco de su genialidad, que a todos nos hace falta.

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