domingo, 15 de abril de 2007

La primera vez



Dicen que la primera vez nunca se olvida y en cuestiones como el amor, podría decirse que los gratos recuerdos se encargan de hacerlo inolvidable. Sin embargo hay temas como el de la estupidez, en los que el primer momento no lo olvidas jamás por lo desagradable y humillante que suele ser.

Personalmente he destruido dos automóviles en mi vida. En ambos casos las unidades tenían apenas un mes de haber salido de la agencia o dealer. Ver mis vehículos despedazados por mis imprudencias me hizo pensar que el hecho de haber salido con vida de esos percances, era lección suficiente.

El tiempo pasó y corrieron casi cuatro años hasta mi nuevo percance de tránsito. En un cruce de calles me tocó la luz preventiva y al ver que más adelante había una patrulla, decidí frenar para no provocar las ansias multadoras de los chicos del Miami Dade Police Deparment. Como buen ciudadano disminuí la velocidad y finalmente me detuve… cinco segundos después otro buen ciudadano también decidió imitarme y detener su vehículo, el problema fue que uso mi SUV para lograrlo.

El impacto me aventó tres o cuatro metros, casi hasta ponerme frente a frente con la patrulla que había buscado esquivar. De inmediato revisé que mi hija de dos años y mi mujer embarazada estuvieran bien. Salvo el susto, no tenían nada más. Bajé para ver el daño causado por el golpe y lo sospeché de grandes proporciones, pues la RAM de carga que nos golpeó tenía la parrilla destrozada y los faros rotos.

Para mi primera sorpresa, mi SUV apenas tenía una abolladura leve. Para mi segunda sorpresa la patrulla que había buscado evitar, se encargó de ignorarme y se alejó tranquilamente. El otro conductor bajó de inmediato, se disculpó, se identificó y prometió reparar los daños causados al otro día en su taller mecánico.

Con ese acuerdo seguí mi camino a casa, pensando que al día siguiente todo se resolvería… sí cómo no. El tipo no trabaja en el taller que me dijo y en su teléfono solo me responde su voz en el buzón con encantador e inconfundible acento cubano. Aún tranquilo, le llamé para hacerle saber que tenía anotado su número de licencia y que si intentaba hacerse “el niño perdido”, pues tendría que proceder en su contra.

Sí cómo no. Resulta que el tipo se mió de la risa (estoy seguro que lo hizo), pues cuando llamé a la policía para reportarlo, me pidieron el número de reporte… ¿Reporte?, si eso es lo que quiero hacer, reportar. “No, no hay ningún reporte. No llamamos a la policía porque teníamos un acuerdo y el señor ahora se hace pendejo (así lo describí)”. “Pues qué pena, me dijo el oficial, porque sin reporte no podemos hacer nada. Si usted no llamó en ese momento a la policía, lo único que puede hacer ahora es contratar un abogado y llevar a esa persona a la corte”.

La reparación del golpe con todo y pintura está valuado 400 dólares en un auto bodyshop. El contrato del abogado… ese es mastercard, o sea, invaluable.

Lo que más me molesta de que me hayan tomado el pelo (aunque casi no tengo) es que mi primer accidente de tránsito en este país haya sido una clara muestra de que no se puede confiar en nadie y que la próxima vez que un lindo caribeño de acento habanero se le ocurra detenerse contra mi vehículo, así sea un tallón de mosca, me subiré tranquilamente a mi SUV, pondré el aire, detendré por horas el tráfico por una estupidez hasta que una servicial patrulla llegue y tome el número de reporte.

Sé que la confianza en el ser humano es lo último que se debe perder y aunque me enputa, cabrea, jode, hincha las bolas, fastidia, irrita, enfurece, bueno, lo que me incomoda pues, es haber sido engañado como adolescente de pueblo en su primera vez.

Espero tener la inteligencia y civilidad suficiente para dejar pasar este incidente y no buscar la dirección del hijoeputa e ir a desmadrarle lo que le queda de camión a punta de batazos… mi mujer opina que no suelo ser inteligente.

PD Podrían requerirse donaciones para pagar la fianza.

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