miércoles, 21 de marzo de 2007

Robo

Como decía Camilo José Cela “Yo no veo la razón de que palabras que están en el diccionario y designan determinadas partes anatómicas suenen mal a algunos oídos. El fonema o grupo de fonemas que componen una palabra no tienen la culpa de lo que designan”.

Por eso, me cagó en la puta madre que parió al hijo de puta gonorrea malpario chinga su madre la concha de la lora cabrón que rompió anoche el vidrio de la venta del pasajero del coche de Lari y se robó su bolso y otras pertenencias.

Maldita la impotencia que siento. Su puta madre en el momento que decidió parar su desgraciado auto al lado del nuestro y se le pasó por su cerebro de gilipollas invadir nuestra privacidad. Me siento violado, indignado, abusado, furioso y con ganas partirle la madre al desgraciado, la reputa madre que lo parió, sus putos muertos, me cago en todos los santos que mean y los que cabalgan al revés, la concha su madre y la reputa madre que la parió a ella también.

Entre las cosas robadas se llevaron el bolso de Lari, nuevo de hacía dos meses, dentro de él todas sus identificaciones, tarjetas de crédito, utensilios de belleza y una cámara Canon SD550, como me duele. También los hijos de puta se llevaron las bolsas de los niños con su ropa y un par de biberones (mamilas). Un juego de llaves de la casa y otro de la casa de mis padres, vengan desgraciados, vengan e intenten robar cuando esté yo solo aquí que van a saber lo que es sentirse violados de verdad por un bate metálico de béisbol.

Lo que más que jode es que hayan robado las cosas de los niños, la cámara con sus fotos. Las estarían viendo mientras se alejaban por la 97ave, si tan siquiera pudiera saber donde viven, cabrones.

En fin.

El Motero

lunes, 19 de marzo de 2007

Qué fue primero ¿la gallina o el huevo?


Ponerse filosófico en estos días significa solo dos cosas: estás metido en drogas o cada vez entiendes menos el mundo que te rodea. Personalmente me encuentro en el segundo caso y con unas ganas cada vez mayores de caer en el primero, pues los trámites para vivir son cada vez más complejos.

Si compras un automóvil de media vida para sustituir el de extremo uso, los pasos que siguen para lograr que un papel confirme que en verdad ese vehículo es tuyo, pueden llevarte al extremo de quererlo regalar a la persona que más odies en el mundo o hundirlo en el primer lago que se atraviese en tu camino.

Cuando llegas a la compañía de seguros para obtener una póliza para tu juguete nuevo, te piden como requisito indispensable que presentes el registro del mismo a tu nombre. “Mire señor, primero tiene que ir a la oficina de placas para hacer el cambio de propietario y después regresa con los documentos a su nombre y ahí hacemos lo que usted quiera”.

Muy bien, vamos pues a la oficina de placas para solicitar los cambios pertinentes y para mi sorpresa, lo primero que te piden es… ¡el seguro del carro! Volteo para todas partes, busco la cámara escondida detrás de un ventilador, arriba de un espejo más sucio que el pelo de la gorda que atiende detrás en un mostrador despintado en el que se lee lo que podría ser una disculpa en un cartón que reza “In God We Trust”.

“Oiga, pero en la oficina de seguros me dicen que debo llevar primero el registro del vehículo para poderme dar una póliza”. La gorda me mira con más odio que a un anuncio de dietas y tratando de contenerse me revira “pues lo siento, pero si usted no tiene un seguro, no podemos darle el registro de un vehículo”.

Casi siento ganas de sentarme a llorar como cuando me regañaba mi madre con su argumento contundente de “porque así son las cosas y te aguantas”. Con una lágrima driblando a la niña de mis ojos y la bilis a punto de derramarse, le pregunto a la gordis qué carajos puedo hacer para andar legalmente al volante de un auto que manejo desde hace dos meses.

Le da una mordida a la baguette que tiene junto al teclado y me hace una señal de que la espere mientras mastica. Para mi desgracia en ese momento mi hija de dos años comienza a llorar fastidiada por el calor, por los minutos de espera pero principalmente por el pedo que alguien se ha tirado y que termina casi por derramar mi lagrimita dribladota. ¡Pobre de mi pequeña, se debe estar asfixiando.

Cuando estoy a punto de mandar todo a volar y a la gorda a rodar, ésta traga el bocado, toma un poco de gaseosa (seguro que fue ella la de la flatulencia), y me pregunta si la niña que llora viene conmigo. Asiento con la cabeza pero le advierto que de ella ya tengo el registro y también el seguro.

Mi ironía le hace gracia y me llama para que me acerque, “mire, le voy a hacer su trámite para que ya se vaya y su criatura se calme ya, pero esto no se hace así, que le quede claro”. En seguida me pide mi licencia, me cobra los honorarios correspondientes, me indica que en 15 días me llegará el documento oficial y que hasta enmicado me dará el registro.

Cargo a mi hija en brazos, salgo en busca de aire puro que nos libere del pedo de la gorda, pero sobre todo salgo aún con la duda, qué es primero ¿el seguro o el registro?

domingo, 18 de marzo de 2007

Volare, Oh, oh...




Señoras y señores bienvenidos al incomodísimo mundo del viajero común... Bienvenidos al aeropuerto. No hay un lugar más exhaustivo en el planeta que estas terminales.

Me parece obvio que está regulado por la Asociación Mundial de Aeropuertos (si es que existe tal cosa) que nadie puede tener una espera cómoda por su viaje; aunque haya que tomar un avión a las 6 AM y se tenga que estar ahí con tres horas de antelación, habrá que sentarse en uno de esos infames sillones de vinipiel con descansabrazos metálicos inamovibles y bordes filosos. Ni intentes acomodarte, los más grandes científicos los han diseñado para que te sea imposible.

Brillante idea, negocio garantizado: Un cine aeroportuario.

Preferiría a ojos cerrados una comedia romántica con Kevin Costner y Andy Mcdowell que una espera caminando sin rumbo entre Taco Bells, Miami Subs y en el mejor de los casos un Duty Free con whiskey baratos (aunque para ser honestos, ambas opciones son una pesadilla infernal para el que esto escribe).

Quizás lo peor sea la humillante experiencia de pasar sin zapatos, ni cinturón por los ‘aros’ (así los llaman) de seguridad de los aeropuertos gringos, porque uno como quiera, pero me ha tocado ver -con estos ojos que se comerán los gusanos- a los gorilas de seguridad casi desnudando a viejecitas chinas más inofensivas que la Madre Teresa o Sara García.

A esto hay que agregarle el martirio del aeroplano; si uno es un hormigón corpulento y sin los recursos para ir en primera clase, un viaje medianamente largo puede ser un infierno… ¿Porqué no acolchonar al menos ESE descansabrazos pegado a la ventanilla? ¿Acaso nos tienen que recordar las aerolíneas que merecemos semejante sufrimiento por darnos el lujo de abandonar nuestras moradas?

Sin embargo viajar es uno de los más grandes placeres de la vida; más cuando una familia tan maravillosa me hace siempre sentir como en casa, cuando tanta gente ha tenido muestras tan notables de cariño conmigo y sobre todo cuando vuelvo a mi adorada ciudad, a los brazos de la más maravillosa hechicera gallega.

Gracias a todos.

sábado, 17 de marzo de 2007

Hágalo usted mismo

Cada día las compañías de servicios y manufactura se hacen mas comodonas y nos obligan a nosotros los clientes a servirles y manufacturarles a ellos. ¡Y encima les pagamos! El mundo al revés.

Si compras una silla, una mesa, una cama o un juguete cualquiera, te mandan una caja delgada con varios pedazos de plástico o de madera, unos tornillos, unas tuercas, arandelas de presión y un papelito, que además de algunas instrucciones ininteligibles, te da una larga lista de herramientas que debes tener o comprar para armar el objeto en cuestión. ¡Genial!

Por supuesto, después de varias horas y con los dedos destrozados te levantas erguido y orgulloso por haber mal-construido algo.

Antes, cuando uno compraba cualquier cosa, el asunto era tan simple como desenvolver y usar. Y me sospecho que incluso era más barato. O sea que, si mis cálculos no fallan, ahora pagamos más por la mano obra; es decir por nuestra mano de obra. Vaya, que rifaron un premio al más tonto y nos lo ganamos.

Lo mismo pasa con los servicios telefónicos. Cuando llamas a cualquier compañía te sale una voz grabada dándote interminables instrucciones que jamás te llevan a donde quieres llegar. Todo para que hagas tú mismo, sin ayuda de nadie, lo que resulta que no hay manera de hacer sin ayuda de alguien.

Y nuevamente vamos a la economía. La excusa de estos sistemas automáticos es que ahorran en personal y se abarata el servicio. Incomprensible, pues los servicios son cada vez más costoso por los benditos costos operativos. Jodan menos y contraten a alguien que levante el teléfono y me ahorre tiempo y dinero.

En internet, para no entrar en detalles, diré que funciona un tanto más de lo mismo.

A mí hay una solo cosa que me gusta hacerme yo mismo, e incluso ésa prefiero que me la haga alguien. No sé, será que me gusta conocer gente.

viernes, 16 de marzo de 2007

The Frustrated


Se necesita una pequeña combinación de inmodestia, autoestima y egocentrismo para ser una estrella del rock, eso lo tenemos todos, lo que nos falta es suerte y un poco de talento. Somos una pandilla de frustrados que todavía, tras noches como la de ayer, sueña con dar un concierto con instrumentos de verdad.

Dejamos claro que estamos en la profesión equivocada. Carlos Vega demostró una gran vocación en la batería y la guitarra eléctrica, tanta que hasta el viejo pelotudo le arrebató una de ellas cuando mejor entonaba los acordes de Súbete a mi moto. Mónica ha nacido para esto, la actuación, la música, el show, lo demostró en la primera canción. Pimpinela se queda muy atrás. Cat tiene vocación, es joven y con mucho talento. Quedó pendiente La Tortura, pero algún día caerá. Maribel mostró el aura de una reina del pop, se vieron destellos por momentos y cuando íbamos a presenciarlo a fondo, el higüep… del anciano jodió el show. El Mortero y Hormigón demostraron sus dotes al micrófono, el bajo y la guitarra. Rafa, en fin, Rafa Summers es un caso especial. Hasta ayer nadie diría que guardaba un malogro por el Rock & Roll pero bastó una de los Hombres G para darnos cuenta de su verdadera vocación. La misión de Lotty y Luís fue fundamental, sin ellos las 500 fotos y 30 videos no hubieran sido producidos y ahora no nos reiríamos del gran tour The Frustated.

El espectáculo fue inolvidable. Tras varios Martinis y Sex on the Beach el nivel de actuación mejoró o quizá la exigencia del respetable bajó, lo más natural fue eso lo que sucedió.

Aunque lo más probable nunca lleguemos a un platino, ni llenemos el American Airlines y mucho menos hagamos una gira por Sudamérica con groupies y roadies, y camiones llenos de instrumentos y jets privados, aunque nunca lleguemos a ser Rock Stars de verdad, siempre nos quedará el Karaoke de la Collins.

Solo faltaron Lari y Bego, la próxima.

jueves, 15 de marzo de 2007

PEQUENA velada de Risk

Pues al final no llegaron ni el hormigon ni el toporingo ni el mortero ni nandiennnn.

Sólo se presentaron el Nicanor y el Puñal (dueños de la guarida) y el Matildo con Mr. Bad Example.

La batalla fue dura. Mr. Bad Example se deshizo en el duro frío de Alaska luchando cotra los cañones de Nicanor, mientras Matildo no llegaba a controlar el Norte de Europa. El puñal era el que mejor asentado estaba, pues controlaba Africa y estaba muy cerca de lograr la incursión en una debilmente defendida Suramérica. Pero entonces, apareció Nicanor, que controlaba Australia desde la primera tirada de dados, y decidió que iba a hacerse con el control de Asia. Ni Matildo ni Mr. Bad Example le pusieron freno, y tuvo que ser el Puñal quien le derrocara en los Urales.

Sin embargo, ya era muy tarde. Los objetivos trazados de antemano era bastante fáciles de lograr para Nicanor y, gracias a ello, en una jugada maestra pudo conseguirlos y proclamarse campeón.

La próxima vez se necesitará la presencia de algún master risk para poder frenarle los pies al "pinche" Nicanor.

martes, 13 de marzo de 2007

Enchilados


Ahora resulta que de ser “hijos de la chingada”, los mexicanos pasamos a ser hijos de los mil chiles. Bueno, hasta eso que no fueron miles sino solo 35. Todavía recuerdo cuando en la secundaria a alguien le apodaban o llamaban con el muy folclórico sobrenombre del “molito”. Sí, “molito”, así como el delicioso aderezo que baña infinidad de platillos mexicanos.

Para quienes no conozcan el tradicional mole, vale la pena aclarar que es una mezcla de chocolate, cacao y otros ingredientes, pero su característica principal es la combinación de chiles. De ahí parte el apodo que, usado en doble sentido, se le aplica a aquel individuo que el vox populi señala como producto de la múltiple participación de padres con una sola madre… eso es un “molito”.

Aclarado lo anterior, me vuelvo a sumergir en mi sorpresa, ¿horror?, de que en la elaboración del mexicano como lo conocemos en nuestros días, participaron nomás 35 chilitos de diferentes orígenes… y yo que pensaba que ser producto de un adulterio con dos ya era mucho.

Según los estudiosos del genoma del mexicano, esta singular mezcla se dió principalmente en América, por lo que el mapa de los más de 105 millones de “molitos” no es compatible con las cartografías de los europeos o los asiáticos. No señor, nosotros somos, a pesar de la amplia colaboración en nuestra gestación, orgullosamente “amerindios”.

Una vez descifrado el misterio del origen del mole amerindio, no me resta sino instar a todo aquel que se ha referido a los mexicanos como “hijos de la chingada”, que le vayan cambiando a su apodito y que si bien el de “molitos” no es mejor, sí define de manera más real lo que, de origen, somos.

No nos llamen, indios, sombrerudos, frijoleros, nopales ni hijos de su tal por cual. Somos unos amerindios con certificación científica del siglo XXI, a los cuales no nos hacen nadita de efecto los antirrábicos y demás productos yerberos o medicinales inventados para los del viejo continente, los de ojos rasgados y mucho menos los gringous.

En resumen que sí, lo aceptamos, somos hijos del chile y que se sienten a llorar los que no, pues seguramente serán de probeta. Yo lo único que le pediría a los científicos es que ya no le rasquen más y nos dejen en 35 el número de participantes en nuestra creación, pues uno más ya parecería orgía.

lunes, 12 de marzo de 2007

Apresúrense a preparar sus armas y sus escudos para la batalla que se va a desatar.
Apresúrense que llamar a quien crean pueda ir bien, para ayudar o para jugar.
Apresúrense a crear alianzas entre amigos o enemigos, para que les sea más fácil ganar.
Pero por favor... no avísen al Fraile Francés, pues en ese caso la velada se deberá cancelar.

domingo, 11 de marzo de 2007

Cuidado con los fraudes


Cuando uno adquiere compromisos al rentar una casa, cuando la compra o simplemente cuando es aceptado para obtener una tarjeta de crédito, siempre le entregan un contrato donde generalmente te explican todo lo que te sucederá en caso de que no cumplas con todos los compromisos que aceptas al firmar. Casi nunca leemos las letras pequeñas, pero la información está ahí.

Hace unos días me encontré con mi acta de matrimonio y decidí revisarla de arriba abajo, por ambos lados, con lupa y casi hasta con detector de microfilmes, pero no, no encontré letras pequeñas ni advertencia alguna, ni un plazo mínimo para devolución y mucho menos un número de atención a clientes. Claro que después de esto era absurdo pensar en un buzón de quejas.

¿Por qué el contrato que más te costará en la vida no incluye todos esos apartados que hasta el mismo diablo tiene en sus tratos de compraventa de almas? Es en serio, revisé todo el documento y ninguna explicación sobre qué hacer cuando de los favores se pasa a las obligaciones.

Cuando aún estás en el trámite del noviazgo te dicen “podrías ayudarme a tender la cama, te pido si levantas los platos en lo que preparo el postre, te llevarías por mi la ropa a la lavadora”, y uno piensa que si las cosas son así de diplomáticas, pues no hay ningún problema en estampar la firma de exclusividad con la fémina correspondiente, total, si todo va a ser por favor, pues qué podemos perder… ¡ajá, gran pecado, porque ese es su anzuelo!

En cuanto te bautizan como su esposo, básicamente terminan tus días de libertad. “Te toca tender la cama, cargar el súper, arreglar los detalles de la casa, lavar los trastes en las reuniones, sacar la basura, limarle los cayos a mi madre y darme masaje en la espalda todas las noches”… y cuando uno se da cuenta de la trampa y piensa en zafarse, ya está más ensartado que mariposa en insectario.

Es en este punto donde elevo mi más enérgica protesta, ¿por qué no hay nada de eso en el contrato? ¿Por qué no hay nada sobre devolver la mercancía si uno no está a gusto? ¿Dónde se consiguen las actualizaciones? ¿Si pagamos la diferencia podemos escalar al siguiente modelo?

Bueno, de menos que nos dejen elegir los métodos de tortura, digo, si hablamos de democracia, deberían dejarnos elegir y hasta hacer un paquete. “Mira cariño, voy a tender la cama únicamente en las quincenas que caigan en domingo, sacaré la basura siempre y cuando no haya residuos de comida y seré amable con tu madre solo mientras volvemos de la luna de miel”.

Pero no, ni paquete y mucho menos democracia, es más, mientras más tiempo pasa, tus obligaciones aumentan y los beneficios disminuyen. Pierdes horas de televisión en canales deportivos y ganas temporadas completas con la novela de las 8.

Podría mencionar más ejemplos, pero terminaron mis 15 minutos de Internet a la semana y debo bañar a la niña, preparar la cena, tender la cama, doblar la ropa y planchar las camisas de la semana… ¡le vendo lo que sobra de mi alma a quien me libere de esto! En serio, bara bara.