
Ahora resulta que de ser “hijos de la chingada”, los mexicanos pasamos a ser hijos de los mil chiles. Bueno, hasta eso que no fueron miles sino solo 35. Todavía recuerdo cuando en la secundaria a alguien le apodaban o llamaban con el muy folclórico sobrenombre del “molito”. Sí, “molito”, así como el delicioso aderezo que baña infinidad de platillos mexicanos.
Para quienes no conozcan el tradicional mole, vale la pena aclarar que es una mezcla de chocolate, cacao y otros ingredientes, pero su característica principal es la combinación de chiles. De ahí parte el apodo que, usado en doble sentido, se le aplica a aquel individuo que el vox populi señala como producto de la múltiple participación de padres con una sola madre… eso es un “molito”.
Aclarado lo anterior, me vuelvo a sumergir en mi sorpresa, ¿horror?, de que en la elaboración del mexicano como lo conocemos en nuestros días, participaron nomás 35 chilitos de diferentes orígenes… y yo que pensaba que ser producto de un adulterio con dos ya era mucho.
Según los estudiosos del genoma del mexicano, esta singular mezcla se dió principalmente en América, por lo que el mapa de los más de 105 millones de “molitos” no es compatible con las cartografías de los europeos o los asiáticos. No señor, nosotros somos, a pesar de la amplia colaboración en nuestra gestación, orgullosamente “amerindios”.
Una vez descifrado el misterio del origen del mole amerindio, no me resta sino instar a todo aquel que se ha referido a los mexicanos como “hijos de la chingada”, que le vayan cambiando a su apodito y que si bien el de “molitos” no es mejor, sí define de manera más real lo que, de origen, somos.
No nos llamen, indios, sombrerudos, frijoleros, nopales ni hijos de su tal por cual. Somos unos amerindios con certificación científica del siglo XXI, a los cuales no nos hacen nadita de efecto los antirrábicos y demás productos yerberos o medicinales inventados para los del viejo continente, los de ojos rasgados y mucho menos los gringous.
En resumen que sí, lo aceptamos, somos hijos del chile y que se sienten a llorar los que no, pues seguramente serán de probeta. Yo lo único que le pediría a los científicos es que ya no le rasquen más y nos dejen en 35 el número de participantes en nuestra creación, pues uno más ya parecería orgía.
2 comentarios:
menos mal que el Teporingo escribe en este blog, porque lo que son el mortero y el hormigón....madre mia!!
Puñal, ¡me cago en tu amerindia madre! Hijo de un gran molito.
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