
Conforme va pasando el tiempo, el frijol que nos germina a las mujeres a veces se convierte en un mounstruo generador de antojos que nos hace suponer que podemos amanecer (atardecer o anochecer da igual) y pedir lo que nos venga en gana. Nos han hecho creer que es una muy romántica y brillante idea despertar deseando fresas a las 3 de la mañana, morirse por una cucharita de cajeta de Celaya o que las tortas (entiendase bolillo partido por mitad, no pastel) de plátano con aguacate son deliciosas; que los maridos, parejas, amantes u oyentes presentes correrán presurosos a saciar semejantes ataques de sinrazón y locura. Las generaciones anteriores, las costumbres pasadas y hasta las telenovelas tienen la culpa de ello.
Yo, en vía de estar tan embarazada y a 3000 millas de la tierra del maíz, me tengo que morder la lengua cada vez que pasan por mi mente los tacos al pastor y los sopes de la esquina (porque allá en el tercer mundo la gente, ante la falta de trabajo formal, se pone a vender el platillo que mejor le queda a su abuelita o a la tía en sus garages o patios con un letrerito de RICOS SOPES, TENEMOS HUARACHES, HAY QUESADILLAS, etc. etc.). Así que se imaginarán que en cada esquina hay uno y que cada mexicano que se precia de serlo, conoce el mejor changarro de "garnachas" de su colonia.
Todo esto para decir que el otro día amanecí con antojo de una guajolota verde. ¿Saben lo que es una? Pues no, no me refiero a las hembras de los guajolotes…. En el vocabulario de los que nacimos al sur del Río Bravo, es una torta (de nuevo entiendase bolillo partido por mitad) de tamal y en este caso era una de tamal verde. Hay rojas (hechas de jitomate o tomate rojo) , de rajas (de chile) o de mole (esa como salsa espesa normalmente oscura que es típica de Puebla y que se acompaña con pollo y arroz) , de hecho hay de todo, las opciones son tan grandes como el puesto y el bote de tamales cerca del cual decidamos desayunar.
¿Y qué hace una con un antojo como este con el Golfo de México de por medio? Pues se las ingenia y logra que le aparezca una guajolota verde y así evita que ese bebé, como dicen las voces populares, “te salga con cara de ....” del antojo que se te quedó atorado en la lengua y que por alguna extraña razón te quedaste sin satisfacer.
Gracias al amigo de Teporingo que trajo desde México mi guajolota de tamal verde, que me supo tan suculenta como el mejor platillo gourmet que ni Emeril Lagasse o Bobby Flay me hubieran podido cocinar. Gracias por el saborcito a chile, de ese con el que hasta la nariz se te afloja y que me hizo sentir tan, pero tan cerca del bote de tamales de afuera de la panadería de casa de mi mamá.
Yo, en vía de estar tan embarazada y a 3000 millas de la tierra del maíz, me tengo que morder la lengua cada vez que pasan por mi mente los tacos al pastor y los sopes de la esquina (porque allá en el tercer mundo la gente, ante la falta de trabajo formal, se pone a vender el platillo que mejor le queda a su abuelita o a la tía en sus garages o patios con un letrerito de RICOS SOPES, TENEMOS HUARACHES, HAY QUESADILLAS, etc. etc.). Así que se imaginarán que en cada esquina hay uno y que cada mexicano que se precia de serlo, conoce el mejor changarro de "garnachas" de su colonia.
Todo esto para decir que el otro día amanecí con antojo de una guajolota verde. ¿Saben lo que es una? Pues no, no me refiero a las hembras de los guajolotes…. En el vocabulario de los que nacimos al sur del Río Bravo, es una torta (de nuevo entiendase bolillo partido por mitad) de tamal y en este caso era una de tamal verde. Hay rojas (hechas de jitomate o tomate rojo) , de rajas (de chile) o de mole (esa como salsa espesa normalmente oscura que es típica de Puebla y que se acompaña con pollo y arroz) , de hecho hay de todo, las opciones son tan grandes como el puesto y el bote de tamales cerca del cual decidamos desayunar.
¿Y qué hace una con un antojo como este con el Golfo de México de por medio? Pues se las ingenia y logra que le aparezca una guajolota verde y así evita que ese bebé, como dicen las voces populares, “te salga con cara de ....” del antojo que se te quedó atorado en la lengua y que por alguna extraña razón te quedaste sin satisfacer.
Gracias al amigo de Teporingo que trajo desde México mi guajolota de tamal verde, que me supo tan suculenta como el mejor platillo gourmet que ni Emeril Lagasse o Bobby Flay me hubieran podido cocinar. Gracias por el saborcito a chile, de ese con el que hasta la nariz se te afloja y que me hizo sentir tan, pero tan cerca del bote de tamales de afuera de la panadería de casa de mi mamá.
1 comentario:
Pues no sé lo que es ni estoy embarazada, pero me antojaste de todo lo que hablas, qué poca madre...adita
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