martes, 3 de abril de 2007

Quién entiende a la gente


La verdad es que hay gente a la que no entiendo.


Me imagino que todo el mundo es como quiere ser, por eso me cuesta entender que existan personas que no se deben gustar ni a sí mismas, o será que tienen mal gusto.


Por ejemplo, los amargados e insoportablemente tristes, incapaces de cruzar más de 3 palabras con nadie sin hastiarse. Amigos de nadie y enemigos regocigados de todos. Me pregunto, ¿cuándo están a solas conversando consigo mismos se cansan, se disgustan o piensan que el interlocutor (en este caso ellos mismos) es un imbecil al igual que les ocurre cuando conversan con los otros? ¿Cuándo se miran en el espejo o se autoanalizan se sienten contentos de sí mismos?


Los hay del extremo opuesto. Los forzados super-simpaticones. Graciosos sin gracia. De esos que saben de todo y son capaces de sostener cualquier conversación -sin importar cuánto saben del tema- con absoluta autoridad. Hablan en voz muy alta, se ríen escandalosamente de sus propios chistes, que por lo general solo ellos entienden, y se paran con actitud sobrada recostándose en las paredes como si se fueran a caer si no la soportasen.


Esos, por lo general, son todo y han hecho de todo. Si hablamos de alpinismo han subido al Himalaya; si el tema es submarinismo se sumergieron a pulmón para inspeccionar el Titánic, y si alguna vez quieren pretender ser modestos, preguntan con forzada ingenuidad cosas como "¿Cuál es la ley de física cuántica que permite que un objeto caliente a otro por fricción aero-dinámica -magnética? Es que lo tengo en la punta de la lengua pero no me sale. Seguro que tú lo sabes."


Para mí, ese es el fin de la conversación.


Estos personajes son capaces de acabar en cuestión de segundos con la reunión más animada. La gente les huye como el gato al perro.


Nuevamente me pregunto si se sienten tan simpaticones cuando se quedan solos en una mesa que momentos antes estaba llena de gente y risas. Supongo que la respuesta es sí, porque de lo contrario no sería como son.

2 comentarios:

Joaquin dijo...

¿Jugamos a ponerle nombre a tus ejemplos?

Yo me se unos cuantos.

Finísima Persona dijo...

¡Hey! ¡Dejen de estar hablando mal de mi!

*Se toma la pastillita contra la paranoia*