
Es un dolor de cabeza. Nuestro cerebro, el de los hombres, nunca llegará a entender algo que parece tan sencillo para la mujer. Qué no, que por mucho que lo pienso no le veo la lógica. Para poner la lavadora tengo que dividir la ropa en tres montones, el de la ropa blanca, el de oscura, y el de la clara.
Ese, ese es el montón que me desconcierta. La ropa blanca es blanca, todos los cerebros se dan cuenta de eso, hasta el mío. La ropa oscura empieza a preocuparme pero fijándome bien intuyo que los pantalones negros, que las camisetas azul marino, la del Capitán Trueno y aquella que compré en Sawgrass, van en el mismo montón.
Donde me pierdo es al llegar al montón de la ropa clara.
Vamos a ver, los calcetines grises, los pantalones cortos del chaval, los verdes mar de orilla de playa, mi camisa azul de día nublado ¿Dónde va esa ropa? “Pues en la clara”. Algo que ella responde instintivamente como el subir la mano izquierda bordeando el volante en el sentido de las agujas del reloj para poner el intermitente a la derecha. Perfectamente podría ir esa ropa y esos colores en el montón de la ropa negra y oscura pero no, no van ahí, porque no destiñen. Ahhh ¡No destiñen! Aquí una variable que desconcierta y nubla ya por completo el pensamiento y la lógica de esta complicada tarea.
O sea, ¿podríamos dividir la ropa entre la que no destiñe y la que sí? “Pues no, la Blanca va en su montón, la negra y oscura en otro y la clara y no tan clara pero que no destiñe va en otro”. El cerebro de la mujer si es fascinante.
Luego, preguntó mi tío Sebastián ¿Y el disfraz de cebra de Marcos en que montón lo pusiste?
Ese, ese es el montón que me desconcierta. La ropa blanca es blanca, todos los cerebros se dan cuenta de eso, hasta el mío. La ropa oscura empieza a preocuparme pero fijándome bien intuyo que los pantalones negros, que las camisetas azul marino, la del Capitán Trueno y aquella que compré en Sawgrass, van en el mismo montón.
Donde me pierdo es al llegar al montón de la ropa clara.
Vamos a ver, los calcetines grises, los pantalones cortos del chaval, los verdes mar de orilla de playa, mi camisa azul de día nublado ¿Dónde va esa ropa? “Pues en la clara”. Algo que ella responde instintivamente como el subir la mano izquierda bordeando el volante en el sentido de las agujas del reloj para poner el intermitente a la derecha. Perfectamente podría ir esa ropa y esos colores en el montón de la ropa negra y oscura pero no, no van ahí, porque no destiñen. Ahhh ¡No destiñen! Aquí una variable que desconcierta y nubla ya por completo el pensamiento y la lógica de esta complicada tarea.
O sea, ¿podríamos dividir la ropa entre la que no destiñe y la que sí? “Pues no, la Blanca va en su montón, la negra y oscura en otro y la clara y no tan clara pero que no destiñe va en otro”. El cerebro de la mujer si es fascinante.
Luego, preguntó mi tío Sebastián ¿Y el disfraz de cebra de Marcos en que montón lo pusiste?
El Mortero
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