
“¿Qué tal?... encantado”. Honestamente, a nadie le ‘encanta’ la idea de ser presentado, es antinatural la introducción, es una especie de imposición en las que parece estar implícito el hecho de que a partir de ahora, este sujeto estará presente en mi vida… no señor, prefiero que no me lo presenten. No vaya a ser.
Cuando el contexto es romántico, la cosa se pone todavía peor: “Güey, hace mucho que no tienes novia, te voy a presentar a Celia, es de Tlaxcala, es buenísima onda y no está tan fea, o sea, no es un bombón, pero no está taaaan mal” ¿Algo más comprometedor que una cita arreglada?… ¡Nada! Lo único seguro es que la impresión que tú causes con tu cara sea igual de lamentable que la de la gorda y quedada Celia cuando se vean las caras y formalicen su pasajero amor al presentarse.
Otro síntoma por el que las presentaciones son terribles es el ‘síndrome de la amnesia’: “Mira, te presento a…. mmm… íbamos juntos en…” Mente en blanco, una situación imposible de resolver más que con el mismo argumento de siempre “Ufff… es que ya sabes, siempre he sido malísimo para los nombres, pero de las caras me acuerdo perfecto”.
Los perros no se presentan, se huelen el culo y deciden si quieren aparearse o llevar una fraternal amistad por toda la vida, por eso siempre he confiando en los caninos, dejan todo a la espontaneidad y sobre todo, al instinto.
Claro que también están los atrevidos que suplican por una oportunidad “No seas malo… preséntame a alguien ¿no?” Los hay más precisos y atrevidos: “¿Me presentas a tu hermana?” o de plano el que no quiere saber nada “Por favor, en la fiesta, a mí me presentes, que vergüenza”.
Así que sin previo aviso ni introducción aquí quedamos a sus órdenes detrás de este ciber-changarro.
Y me despido con una de las más celebres frases que he escuchado y a la cual recurro con frecuencia: Por favor… “Feas y decentes… Ni me las presentes”
El Hormigón.
1 comentario:
Tan cierto como el olor a ajo machacao en los dedos.
El Mortero.
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