Cada día las compañías de servicios y manufactura se hacen mas comodonas y nos obligan a nosotros los clientes a servirles y manufacturarles a ellos. ¡Y encima les pagamos! El mundo al revés.
Si compras una silla, una mesa, una cama o un juguete cualquiera, te mandan una caja delgada con varios pedazos de plástico o de madera, unos tornillos, unas tuercas, arandelas de presión y un papelito, que además de algunas instrucciones ininteligibles, te da una larga lista de herramientas que debes tener o comprar para armar el objeto en cuestión. ¡Genial!
Por supuesto, después de varias horas y con los dedos destrozados te levantas erguido y orgulloso por haber mal-construido algo.
Antes, cuando uno compraba cualquier cosa, el asunto era tan simple como desenvolver y usar. Y me sospecho que incluso era más barato. O sea que, si mis cálculos no fallan, ahora pagamos más por la mano obra; es decir por nuestra mano de obra. Vaya, que rifaron un premio al más tonto y nos lo ganamos.
Lo mismo pasa con los servicios telefónicos. Cuando llamas a cualquier compañía te sale una voz grabada dándote interminables instrucciones que jamás te llevan a donde quieres llegar. Todo para que hagas tú mismo, sin ayuda de nadie, lo que resulta que no hay manera de hacer sin ayuda de alguien.
Y nuevamente vamos a la economía. La excusa de estos sistemas automáticos es que ahorran en personal y se abarata el servicio. Incomprensible, pues los servicios son cada vez más costoso por los benditos costos operativos. Jodan menos y contraten a alguien que levante el teléfono y me ahorre tiempo y dinero.
En internet, para no entrar en detalles, diré que funciona un tanto más de lo mismo.
A mí hay una solo cosa que me gusta hacerme yo mismo, e incluso ésa prefiero que me la haga alguien. No sé, será que me gusta conocer gente.
sábado, 17 de marzo de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Yo también prefiero que me corte el pelo el barbero.
Publicar un comentario