
Llego a trabajar en hora pico, 8:30, más o menos; diario presencio un espectáculo que me cuesta trabajo entender y que es una constante en todos los edificios en todas latitudes:
No importa cuantos estén esperando el ascensor, cada persona que llega, vuelve a oprimir el botón –ya encendido- para llamarlo, como si el hecho de que un extraño lo hiciera antes, no fuera suficiente; un desfile eterno de desconfiados.
Porque sí, estamos hablando de un grave caso de desconfianza inconsciente colectiva, de la imposibilidad de creer que el llamado del prójimo es suficiente… ‘No señor, si no soy yo el que oprime el botón que llama al artefacto seguramente no bajará y todos llegaremos tarde’.
Pero ahí no para la cosa, ¿Qué tal la espeluznante tensión que se siente dentro de un elevador lleno? Se puede cortar con un cuchillo, una absoluta invasión al espacio vital, no hay nada peor que ir codo con codo con desconocidos con la sensación de que puede dejar de funcionar en cualquier momento y habrá pasar ahí dentro un buen rato (leyendas urbanas hablan de horas dentro e incluso de tener que asistir en labores de parto dentro un elevador atascado).
Mi solución es primitiva, pero eficiente: Me enchufo al celular aunque no me llame nadie ni esté escribiendo un mensaje, como si tuviera algo importantísimo que ver en la foto de mi perro que tengo de wallpaper hasta que llego al lejanísimo piso 12 y ahí sí, pavoneándome, me despido con un súper amable –hasta sobreactuado- ‘Hasta luego, que tengan un buen día’, mofándome de aquellos que van a alturas más elevadas y que seguirán sufriendo semejante martirio.
De ahora en adelante… Me voy por las escaleras.
3 comentarios:
Siempre que me tocó compartir el ascensor con tipos, la sensación fuer de desconfianza total. Pero cuando se trató de vecinas de oficina, siempre imaginé que lo único que había entre las paredes del artefacto en cuestión, eran deseos contenidos tan solo por los breves instantes de la ruta al cielo.
Y que me dicen de las conversaciones. "¿Mucho trabajo? buah, como siempre". "¿Y tu bebé? bien, creciendo mucho". "Qué día más bueno. Vaya, y nosotros aquí...(en el ascensor hablando del tiempo cuando en realidad lo que estamos pensando es lo que comenta Teporingo arriba) trabajando".
El Mortero
Qué tal el mexicanísimo...
-'¿Qué onda?... ¿qué andas haciendo?'
-'Pos anda, acá dándole, no hay de otra'
-'No hay de otra'
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