domingo, 18 de marzo de 2007

Volare, Oh, oh...




Señoras y señores bienvenidos al incomodísimo mundo del viajero común... Bienvenidos al aeropuerto. No hay un lugar más exhaustivo en el planeta que estas terminales.

Me parece obvio que está regulado por la Asociación Mundial de Aeropuertos (si es que existe tal cosa) que nadie puede tener una espera cómoda por su viaje; aunque haya que tomar un avión a las 6 AM y se tenga que estar ahí con tres horas de antelación, habrá que sentarse en uno de esos infames sillones de vinipiel con descansabrazos metálicos inamovibles y bordes filosos. Ni intentes acomodarte, los más grandes científicos los han diseñado para que te sea imposible.

Brillante idea, negocio garantizado: Un cine aeroportuario.

Preferiría a ojos cerrados una comedia romántica con Kevin Costner y Andy Mcdowell que una espera caminando sin rumbo entre Taco Bells, Miami Subs y en el mejor de los casos un Duty Free con whiskey baratos (aunque para ser honestos, ambas opciones son una pesadilla infernal para el que esto escribe).

Quizás lo peor sea la humillante experiencia de pasar sin zapatos, ni cinturón por los ‘aros’ (así los llaman) de seguridad de los aeropuertos gringos, porque uno como quiera, pero me ha tocado ver -con estos ojos que se comerán los gusanos- a los gorilas de seguridad casi desnudando a viejecitas chinas más inofensivas que la Madre Teresa o Sara García.

A esto hay que agregarle el martirio del aeroplano; si uno es un hormigón corpulento y sin los recursos para ir en primera clase, un viaje medianamente largo puede ser un infierno… ¿Porqué no acolchonar al menos ESE descansabrazos pegado a la ventanilla? ¿Acaso nos tienen que recordar las aerolíneas que merecemos semejante sufrimiento por darnos el lujo de abandonar nuestras moradas?

Sin embargo viajar es uno de los más grandes placeres de la vida; más cuando una familia tan maravillosa me hace siempre sentir como en casa, cuando tanta gente ha tenido muestras tan notables de cariño conmigo y sobre todo cuando vuelvo a mi adorada ciudad, a los brazos de la más maravillosa hechicera gallega.

Gracias a todos.

3 comentarios:

Joaquin dijo...

Me queda mucho por ver en este mundo pero de momento lo tengo aplazado hasta que mejore esta situación.

Volviendo de Londres por Montreal nos revisaron el pasaporte 9 veces, NUEVE, en un trayecto de 150 metros como mucho. Entré en el pasillito de cintas que va haciendo zig, zag y me lo revisaron, a la salida me lo revisaron de nuevo. ¿He podido fabricar una bomba, organizado un ataque aéreo o falsificado mi nombre, quizá una cirugía plástica en 10 metros?

No me jodan.

Angel Rodríguez-Valdés dijo...

Les invito a viajar con pasaporte venezolano o colombiano, y con barba de aspecto iraquí, para que disfruten de toda una experiencia aeroportuaria.

Un oportunidad única de sentirse el protagonista -el malo, claro- de la película.

Iván Carrillo dijo...

Queda claro que con estas descripciones, la frase "mándalos a volar" adquiere un nuevo significado mucho más agresivo, pues qué peor deseo puede haber para alguien que verlo padecer las humillaciones de un aeropuerto gringo en tiempos de alerta roja.